No recuerdo cuanto tiempo ha pasado, quizás unos 10 años, desde que estuve en este típico lugar de almuerzos de negocios del centro de Santiasco. Sin embargo, hoy pasaba por el lugar y decidí que era un buen momento para regresar.
El sitio no ha cambiado en nada, parece indiferente al paso del tiempo y hasta me parece que son los mismos mozos. El servicio, algo muy bien logrado en este lugar, extremadamente atento, fui conducido en segundos hacia una mesa en donde inicié el rito solicitando mi botella de agua.
Tal como recordaba, llegó el carrito con las ensaladas para elegir una rica mezcla de papas mayo, ensalada chilena y una buena porción de guacamole, acompañamientos ideales para disfrutar el filete a la parrilla que me prepararían según mis deseos. Aunque la carta de vinos no es muy pródiga en mostos, pude encontrar un Corton Errazuriz cabernet sauvignon 2010, apropiado para mi plato.
Como tardaba un poco la cocción y yo francamente deliraba de hambre, el atento mozo trajo un brasero hasta mi mesa y completó el trabajo con el filete ante mi paciente mirada. Esta modalidad me permitió cortar el trozo de filete que cumplía mis expectativas y comenzar a almorzar, mientras se cocía el resto.
Una carne sabrosa, un almuerzo carnívoro de primera como en los viejos tiempos.
En mis frecuentes incursiones al Teatro Municipal he tenido oportunidad de ver la rotación de restaurantes que han pasado por la hermosa casa de Tenderini 171. Desde el notable Hereford Grill, pasando por el Prego y ahora con esta nueva propuesta también basada en carnes y que vine a disfrutar hoy.
Como era un horario poco habitual por lo tarde, encontré con facilidad una mesa y solicioté una botella de agua mineral sin gas.
La carta muy hermosa y llena de seductores platos, mi selección resultó ser un filete con papas hilo y queso azul. Esa combinación de carne y queso azul la he cocinado en varias ocasiones y me fascina.
Para ese delicioso plato, de la carta de vinos, muy interesante por cierto, elegí un Cremashi Furlotti merlot 2006, un afortunado hallazgo.
Disfruté lentamente mi exquisito almuerzo especialmente porque quedaban muy pocos comensales y tenía toda la atención del mozo. Un servicio de primera.
Tras un negro café pude concluir esta incursión filetaria y regresar a mi oficina, sin stress y lleno de placer. Recomendable lugar.
Fue una decisión muy rápida, un llamado para chequear disponibilidad, una confirmación por SMS y por la mañana del día siguiente ya estábamos viajando mi hermano, su compañera y yo, llenos de ganas de disfrutar uno de los paseos filete que más quiero.
Cerca del mediodía ya estábamos en el centro de Valparaíso y con la buena fortuna de encontrar que justo se estaba realizando la Segunda Feria Gastronómica Internacional de Valparaiso, algo imperdible para mi personal gusto.
En el hermoso muelle Barón, específicamente en los pabellones de cruceros que de vez en cuando ocupan turistas que entran y salen del puerto de Valparaíso, se desarrollaba esta muestra gastronómica. Un dia luminoso y soleado daba un marco preciso para iniciar el disfrute que sospechábamos vendría.
Recorrimos el espacioso lugar, lleno de puestos pequeños con la variadísima oferta gourmet que de pronto en Chile se ha convertido en toda una industria. Una zona para las escuelas de cocina profesionales y restaurantes que se atrevieron a estar presentes, un patio de comidas con un escenario para espectáculos en vivo y que mientras estuvimos en el lugar tocaban la deliciosa musica de King of Convenience.
Varias zonas para empresas de todos los tamaños, ya que al fin de cuentas, la aprobación del público tiene que ver con lo que prueban más que el curriculum del presentador. Una fiesta de sabores, en la que probamos salsas y pastas de untar, un rico sake sour, exploramos utensilios de cocina y sobretodo disfrutamos de los aromas de diversas preparaciones que se vendian muy barato para un público muy entusiasta y de carácter muy familiar.
Qué rico ver como las personas poco a poco aprecian el disfrute de la experimentación gourmet y se atreven a probar sabores insospechados para el estandar gastronómico nacional.
Continuamos el krrtrekking dirigiéndonos hacia los cerros con más actividad, me refiero por supuesto al Cerro Concepción, Cerro Alegre y posteriormente al Cerro Bellavista.
Tras deambular por esas siempre inclinadas calles y toparnos con una enorme cantidad de turistas nacionales y extranjeros, nos dimos cuenta que la hora había pasado muy rápido y que corríamos el riesgo de quedar sin almuerzo, nos movimos presurosos hacia uno de mis restaurantes preferidos, el C, solo para comprobar que ya había cerrado la cocina. En ese momento, recordé que había un restaurante abierto enfrente del Gervasoni que podía ser una buena opción y nos dirigimos hacia Il Paparazzo.
Un restaurante de diseño hermoso, buen ubicado y con buena promesa de disfrute. Sin embargo, la lentitud del servicio comenzó rápidamente a exasperarme. Conseguí, gestos mediante, que llegaran las cartas y nos ocupamos en seleccionar los disfrutes de cada cual. Pero, se demoraban demasiado en cada etapa, afortunadamente se les ocurrió traer algo para engañar a nuestros sistemas digestivos lacerados de hambre. Unos panecillos y una salsa de untar, que literalmente devoramos.
Si el preámbulo fue lento, aún nos tocaba esperar infinitamente la llegada de los platos seleccionados. Por fin apareció el Pulpo en la roca, un rico pulpo a la oliva parrillado y majado de papas, chimichurri y criollita. Un oleaje espirituoso, un pescado de roca grillado en su piel con ñoquis de zapallo en salsa de albahaca, con tomates confitados y rúcula. Un pulpo oriental, esto es, un pulpo a la parrilla sobre verduiras salteadas al estilo oriental con ensaladita de brotes y castañas de caju y chips de camote. Acompañamos estos platos con un Medalla Real Pinot Noir 2009 que afortunadamente estaba a la temperatura correcta.
Salimos de Il Paparazzo anunciando que no volveremos, pues a pesar de su exquisita comida, la lentitud del servicio está fuera de orden y aunque le reclamé al Administrador al momento del pago, no fue capaz de decir nada.
Continuamos nuestro krrtrekking recorriendo las innumerables callecitas cortas e inclinadas de Valpo, lo cual me permitió hacer una fantástica recuperación en fotos de grafittis para la posteridad.
Tras haber recorrido los cerros Concepción y Alegre, comenzamos con el cerro Bellavista, en donde finalmente elegimos una privilegiada terraza para ver el atardecer. Un café muy lindo llamado Sello Verde, en donde disfrutamos unos pastelillos y jugos naturales muy ricos, mientras observábamos la ciudad que comenzaba a oscurecer.
Caminamos de regreso hacia donde estacionamos transporte y comenzamos el regreso. Un día delicioso, lleno de aventuras y sabores para el recuerdo.
Justo entre varios lugares conocidos (Bar La Junta y Cafe Urriola, Casa Lastarria) y que he disfrutado en diversas ocasiones se ha ubicado hace poco tiempo un nuevo sitio. Se trata del PezToro, un lugar prometedor no solo por su oferta gastronómica sino además por compartir esa terraza deliciosa de Lastarria 70.
La oferta es limitada pero sabrosa e incluye tablas, ensaladas, pizzas (piadinas y calzones), sandwiches e incluso algunos platos. Cómo tenía poco tiempo para disfrutar el lugar, elegí con cierta rapidez una muestra representativa de su cocina y que, por cierto, me diera suficiente placer.
Partí con unas tapas de croqueta española, unas abundantes tapas de jamón serrano con salsa tártara. la chica atenta se aseguró de llegar en poco tiempo con mi pedido pero olvidó la salsa. Ante mi rápido reclamo, se aseguró de completar el plato en buen tiempo, lo cual me dio una pista acerca de la calidad de servicio.
A continuación, seleccioné una piadina greca, queso de cabra, rúcula y jamón crudo que no pude evitar acompañar con un buen vino, así que salió de la interesante carta un Caliterra reserva merlot delicioso.
Rico lugar, claramente acostumbrados a comensales de fast food, pero que no arrugan ante la demanda de algo mejor. Se anota como un buen sitio con detalles, todos mejorables.
Volveré para un día de cena y espero conocer más de este interesante lugar.
He comentado en otras ocasiones cuanto me gusta la comida peruana y al mismo tiempo encontrarla en nuevos sitios. Una reunión almuerzo se transformó en ocasión propicia para hacer un recorrido de búsqueda y con apoyo del azar, llegamos a este sencillo pero sabroso lugar en el centro de Santiasco. Tiene el mismo nombre de otro restaurante peruano que conocí hace algún tiempo y quien sabe si es parte de la misma iniciativa.
Bastante lleno a esa hora, descubrimos que tenía un segundo piso y me fui directamente hacia allá. Un gran grupo en alguna celebración estaba a poco tiempo de terminar. Ya instalados en el amplio y un tanto insípido comedor (todavía están preparándolo), conversamos un rato pero rapidamente perdí la paciencia y bajé a buscar un mozo. Debe ser la edad, ya que me carga esperar.
Un atento mozo, disculpándose, llegó a prepararnos la mesa y tomar nuestra orden. No necesitábamos la carta, cada cual tiene sus preferencias. Mi colega eligió un típico salteado de res y por mi parte, un rico seco de res. Mientras llegaban los platos, llegó el pan y esa rica salsa con ají amarillo que tanto me gusta y además los pisco sours que habíamos encargado.
El trabajo se vió especialmente favorecido porque estábamos solos en el salón y con suficiente tiempo para tratar una infinidad de temas. Cuando llegaron los platos, aproveché de pedir una botella de vino. Afortunadamente pude conseguir un carmenere de Santa Digna, razonable compañía para disfrutar el rico almuerzo.
Una mañana en que a pesar de esforzarme por dormir más, no me fue posible. Decidí desayunar rico y prepararme para una salida de reconocimiento en cleta.
Partí zigzagueando por las calles de Providencia con la intención de descubrir algún sitio nuevo, tras recorrer hasta Irarrázaval, finalmente decidí recorrer el barrio Manuel Montt en donde habitualmente hay cambios. Varios sitios cambiaron de dueño o de nombre y aparecen otros, por ejemplo ya no existe Don Peyo pasando a ser otro sitio, el peruano Sacsayhuaman se convirtió en otro restoran peruano, enfrente de Don Peyo se está armando una marisquería muy fachosa, por fin comenzó a funcionar el Puchacay y muy cerca del Pub La Luna comenzó a operar un nuevo restaurante. Con este material ya tengo aseguradas varias salidas de disfrutes para los siguientes días.
Completada esta etapa del paseo, me pareció que ya era hora de tomar la ruta hacia el cerro San Cristóbal y lo hice por Pedro de Valdivia. Hay tramos de esta subida que me hacen recordar ineludiblemente todos los excesos de la semana y el sonido de mis jadeos junto a la deliciosa música que voy escuchando terminan por darme todo el ánimo que requiero para llegar una vez más a la cumbre. El rito no pudo esperar y pedí mi jugo de mote con huesillos helado, el mejor brebaje para premiar el esfuerzo del ascenso. Hoy me repetí el premio porque hacía demasiado calor.
Pronto, decidí regresar y me preparé para ese fantástico descenso, la brisa que refresca el rostro y la sensación de volar. Qué delicia!!
Conecté con el desvío hacia La Pirámide y me fui hasta esa zona en donde tomé el parque que recorre Américo Vespucio hasta llegar a Pocuro. De ahí por la ciclovía hasta conectar nuevamente con Antonio Varas. Mientras pedaleaba comencé a sentir hambre y me pareció un buen día para ir a un sitio que hace mucho tiempo conozco y nunca lo he encontrado abierto. Claramente hoy se rompería la cábala, pues no solo estaba abierto sino que estaba especialmente interesante. Me refiero al pequeño restaurante Bahía Pilolcura ubicado en las Torres de Tajamar.
Mientras aseguraba mi cleta en una reja, conversé la atenta moza quien me comentó con pasión los mejores deleites del lugar. De esa forma, apenas tomaba asiento pude pedir un ceviche de corvina y camarones al estilo chileno y un pisco sour con limones normales pero preparado e el momento. Pequeñas diferencias que son importantes.
Mientras esperaba, pedí una botella de agua sin gas y hielo al mismo tiempo que llegaba una hermosa concha - panera con pan muy caliente y un pote con mantequilla para mi disfrute. Deliciosa música chilota y una atmósfera tranquila me acogió para bajar mis revoluciones.
El plato de ceviche se veía delicioso, adornado con el regalo de unas ostras pequeñas y sabrosas que me regalaron. Cortes de corvina fresquísima, camarones, cebolla y cilantro todo en un mar de limón para ser acompañados con una copa de pisco sour fantástico.
Un sitio encantador para una experiencia muy disfrutable.
Un día especial pues me juntaba con una gran amiga a quien no veía hace varios meses debido a mi especial sobrecarga laboral y también extra-laboral. Nos concertamos con una semana de anticipación para ir a comer algo rico juntos y dar rienda suelta a una puesta al día sin límites de tiempo.
A la hora prevista, pasé por ella a su lugar de trabajo y caminamos hacia un nuevo destino en la zona de Pedro de Valdivia. Un sitio que divisé varias semanas atrás en mis habituales paseos de reconocimiento en cleta. Por fuera, se veía interesante, marcado por la idea de españolas tapas, pero en su interior me llevé una sorpresa mayor.
Un local hermoso, bien diseñado, con un estilo muy moderno, algo muy evidente en el mobiliario delicadamente elegido, los colores, el minimalismo estético y la grata atención.
Elegí la terraza interior, tranquila, bastante espaciosa y moderada por el delicado sonido del agua cayendo por una pared y suficiente sombra para un buen estar.
Partimos encantados con unas copas de sangría tapaspassion, un fresco elixir ideal para los días de canícula excesiva de este Santiasco.
Revisada la carta, claramente el estilo es lo pequeño y sabroso. Así que salomónicamente propuse que cada cual eligiera 3 tapas y que compartiéramos los sabores seleccionados. La lista de delicias resultó en unas gambas con gabardina, unas exquisitas patatas bravas, las increíbles bombas de carne, unas potentes croquetas passion, los exóticos pintxos de hongos con jamón y un increíble arroz cremoso con setas, recomendación de la atenta moza.
Como era de esperar, busqué en la carta de vinos algo especial y me encontré un viejo conocido, un Pinot Noir William Cole Mirador, fantástico para acompañar el festín.
Considerando la increíble calidad del lugar, me sorprendí que no hubiese muchos comensales. Quizás, no era el día más típico, pero me asombré con la oferta. Delicioso!!!!
Al final de nuestra larga tertulia, no había espacio para postres pero si para un buen cafe negro, que disfrutamos lentamente mientras cerrábamos esta experiencia exquisita.
100% recomendable, TapasPassion es una maravilla.
Ya pasaron más de tres meses desde mi último biketrekking, pero en este día inexplicablemente llevaría a cabo otro a pesar de tener otros planes. Desperté relativamente temprano aunque no lo suficiente para ir a un paseo Malayo que hoy tenía por destino el lindo cerro Pintor. Sin embargo, como me precio de manejar más de un plan, decidí salir en cleta a pasear por senderos en el cerro San Cristóbal.
Antes de acometer el cerro, me dediqué a pasear un poco y rescatar algo de arte callejero tomando algunas fotografías. Ya con el cuerpo preparado, tomé aliento y subí tan rápido me fue posible hasta la cumbre del cerro. Qué delicia, a pesar del cansancio, el cuerpo se llena de placer y el premio de un jugo de mote con huesillos termina de gratificar el momento.
Bajé del cerro alrededor del mediodía y mientras disfrutaba la brisa del descenso, me puse a pensar que tenía rango de tiempo suficiente como para escaparme de Santiasco e ir a almorzar al Cajón del Maipo. No dejé tiempo para cambiar de opinión y me lancé a la aventura. Me fui por Pedro de Valdivia hasta la ciclovía en la misma calle y luego conecté con la ciclovía de Dublé Almeyda. Luego Macul y de ahí derecho hacia Avenida La Florida. En el camino compré una botella de hidratante y continué pedaleando.
Al comienzo del camino El Volcán hay una picada de mote con huesillos, lugar preciso para refrescarse, sentarse un rato y de paso llenar la botella con heladito jugo para el resto del viaje
Pasé por La Obra, luego Las Vertientes y más allá El Manzano. El rico restoran Calypso cerrado por vacaciones y de pronto, aunque he pasado unos 10 años por aquí, esta vez me si pareció buena idea detenerme en el Vista Cordillera. Un sitio sencillo, bastante concurrido y con una terraza que era mi mejor opción en ese momento.
Partí pidiendo una vaina, mientras llegó pan caliente, mantequilla, pebre y una salsa verde al cilantro. Revisada la ca.rta, me pareció que el gasto calórico realizado hasta el momento, bien merecía algo contundente. Entonces, el plato elegido fue un enorme filete a lo pobre servido en un hirviente plato de fierro rodeado de las papas fritas y coronado por la cebolla y los huevos fritos. Tremendo y delicioso plato!!!. Para que el disfrute fuera completo, pedí un carmenere reserva de Marqués de Casa Concha, un caldo tinto potente para engrandecer mi almuerzo.
Me hizo por un buen rato compañía un perro chico llamado Washington, quien se empinaba en dos patas para saber si me quedaba comida y luego colocaba su barbilla en mi pierna y gemía suavemente pidiendo. Me ganó la ternura y la técnica manipuladora del quiltro, así es que compartí mi filete con él.
Tras un merecido descanso, comenzó el retorno que tenía la ventaja de ser en gran medida de bajada, aunque con el terrible calor de igual manera era bastante el esfuerzo. Me detuve nuevamente en la picada del mote con huesillos cuando llegué al comienzo del camino y pude cargar mi botella con algo refrescante, para poder llegar a casa finalmente tras 90 kms en cleta.
Buen paseo!!!
Buscando un nuevo lugar en donde almorzar tarde (en realidad muy tarde) tras un buen paseo en cleta, encontré una pizzería muy estilosa a la entrada de calle Constitución. A mi llegada, solo se escuchaba al interior el monólogo incesante de un mozo argentino que parecía amar escucharse y las mozas no se aparecían por la terraza en la calle en donde me había instalado.
Una vez que logré llamar la atención, una atenta chica me trajo la carta en donde claramente dominaban las pizzas rojas (al pomodoro) y blancas (sin salsa), ricas combinaciones de ingredientes que me tentaron rápidamente. Sin embargo, recordé que tenía un compromiso de cena en poco rato más (era harto tarde mi almuerzo) y por lo tanto, me fui por una que Focaccia Waldini, un exquisito pan con pasta de aceitunas, queso de cabra, salmón, ciboulette y berros.
El delicioso sandwich lo acompañé con un refrescante mojito, que me hicieron recuperar las calorías que gasté en 35 km de cleta disfrutados momentos antes.
Waldini es una delicia!!!, regreso prometido.
Se me hizo tarde para almorzar y tenía mucha hambre, por lo que salí a caminar buscando un sitio en donde saciarla. Por esas cosas inexplicables terminé una vez más revisando la oferta del Patio Bellavista, abundante pero de gustos que no siempre comparto. De pronto me encontré enfrente del restaurante de unos queridos amigos, me refiero al Antojo de Gauguin, que siempre me salva en estos trances.
A pesar que el cambio de mozos no siempre es afortunado, tengo la creencia que la calidad de la comida permanece. Tras conseguir que me atendieran, llegó a mi mesa en la terraza interior una Tabla de rellenitos mixtos y una porción de hummus, algo que me hace delirar de placer. Pedí también una botella de Palo Alto Ensamblaje de Cabernet Sauvignon, Syrah y Carmenere, una deliciosa compañía para mi tardío almuerzo.
Perdí la cuenta de los años que visito este lugar, pero debo reconocer que la calidad de la comida ha permanecido, no tanto el servicio, ya que al principio fueron los dueños quienes crearon la impronta que se ha ido perdiendo. Igual, me agrada volver de vez en cuando.
Este lugar me sigue gustando!!!