5to Cheers : un café transformado en restaurante peruano
Dado que soy frecuente paseante en cleta por el Parque Bustamante, conocía este sitio por ser un café bastante llamativo. Sin embargo, esta noche en que buscaba una opción para cenar descubrí una rara transformación, ya que de café no quedaba nada, era simplemente un restaurante peruano y algo más, muy latinoamericano. Es posible que siempre haya sido lo mismo, pero no lo había notado.
Como soy proclive a la experimentación, me instalé en la rica terraza enfrente al parque y me dispuse a disfrutar. Partí con un pisco sour, bastante normal debo decir. El personal de servicio un poco distraído, lo cual impacienta al menos a mí.
En la carta bastantes opciones peruanas y mi selección fue un plato de Camarones Tropical, una delicia de camarones envueltos en pollo a la plancha y bañados en salsa de maracuyá sobre un puré cremoso. Lo fatal, es que el plato llegó frío y debí devolver. Vaya que son importantes los detalles!!! (regresó bien caliente y sabroso, por suerte)
Para acompañar mi plato, en la carta de vinos - bastante interesante- descubrí un Tabalí reserva Syrah que vino de maravillas para esta exquisita cena.
Esta noche no estaba para postres, así es que cerré la incursión con un café negro.
Cleta y Divertimento : gran combinación
Es habitual que los fines de semana me invente paseos en cleta cuando no voy a participar de alguna aventura en la montaña con mis amigos del Club Malayo.
Enero, lo dedico fundamentalmente a la densa e intensa agenda de teatro, danza y jazz que se concentra absurdamente para el delirio o, como en mi caso, la molestia de algunos. Cómo justificar tanta oferta cultural filete en un solo mes, si tenemos 12 mesesn por año o alguien cambió eso?
Este soleado día bien se merecía un buen paseo, así que partí mi aventura tras preparar un nutritivo jugo Go, meter en mi mochila algunos pertrechos y jurarme que sería un paseo filete.
Me fui por la ciclovía de Antonio Varas, enganché con la de Pocuro, luego con la de Isabel La Católica, para llegar al bandejón, parque al fin y al cabo, de Américo Vespucio. Un lindo periplo hasta La Pirámide, para subir finalmente el Cerro San Cristóbal, a esa cumbre que sabe a mote con huesillos.
Mientras descansaba, aproveché de leer un par de revistas que portaba en mi mochila, una lenta y disfrutable experiencia que cada vez valoro más.
Cuando decidí bajar del cerro, el hambre arreciaba y como plus gracioso, me vi involucrado en una vertiginosa carrera de descenso con otro ciclista de fin de semana. Mi velocimetro marcó 56.4 Km/hr. un notable registro considerando que solo era diversión. Al final mi afanado contendor, me alcanzó y sobrepasó, pero yo tenía otra intención, me fui al restoran Divertimento Chileno, pues deseaba comer rico como meta.
Partí con lo urgente, una botella de agua mineral sin gas, a la que añadí una ensalada de locos con rúcula, papas, cebollas, palta y un toque de merkén.
Luego, tras la lucha por obtener atención de los mozos, pésimo servicio después de todo, solicité una corvina con chimichurri de cilantro y habas con jenjibre y zumo de limón, decorada con camarones, machas, ostiones y calamares. Un plato exquisito que acompañé con un pinot noir 2009 de Montes.
Almorzar bajo los árboles del Parque Metropolitano es una maravilla, solo hace falta que se mejore el servicio en este sitio, quizás falta competencia, ya que Divertimento Chileno es un eterno monopolio en este lugar.
Rica aventura, delicioso sabores!!!
Auditoría de Ciclovías 4.0 : curioso recorrido
Recorrer las calles de Santiasco en cleta, usando las ciclovías como referencia, es una gran oportunidad para conocer nuevos lugares, registrar algunas bellezas y porque no decirlo, ser espectador del comportamiento humano.
La odisea comenzó en la plaza Italia, lugar en que tomamos la ciclovía que va por el Parque Bustamante y que llega hasta Jofré. Salvo por esos habituales peatones que usan la ciclovía, fue un tramo tranquilo. Una cuadra mas allá, en calle Marín pudimos retomar en otro segmento de ciclovía, para ir saltando de un trozo a otro sin ninguna señalización. En calle Salvador desaparece y hay que intuir que en alguna parte continúa. De hecho reaparece en Pedro León Gallo y se puede llegar a José Miguel Infante, en donde de nuevo hay que ejercitar el instinto.
Por fin llegamos a la ciclovía de Antonio Varas, en donde pudimos avanzar por una muy buena pista hasta Diagonal Oriente, en donde cambia drásticamente de calidad (baja a la calle separada de los autos solo por topes de goma) y continuamos hasta la esquina de Simón Bolívar, en donde tomaremos hacia el oriente. Esta ciclovía es una verdadera carrera de obstáculos, al punto que tiene más curvas e irregularidades que ninguna otra pista cletera que conozca.
Durante el trayecto, pude notar que claramente se armó la ciclovía haciéndole el quite a árboles, estacionamientos, postes y cuanta cosa existía antes. Es evidente que lo que se quería era mostrar que se había hecho una ciclovía, pero nadie pensó en los ciclistas y tampoco en la gente que para ingresar a sus casas debe invadir la ciclovía (al menos mientras abre la puerta). Tuve una interesante charla con una señora que se molestó mucho porque fotografié la camioneta de un familiar que estaba estacionada sobre la ciclovía mientrás cargaba unos objetos que sacaba de la casa. Concordamos que el problema no son los ciclistas como ella alegaba sino la mala calidad del diseño de la ciclovía.
En la esquina Elecier Parada, hay que tener la sangre fría para pasar y no ser atropellado. De verdad que es demasiado peligroso el cruce y hasta es mejor bajarse de la cleta.
En Montenegro, pudimos enlazar con otra ciclovía que nos llevó por un apacible barrio residencial hasta el cruce con Emilia Tellez en donde encontramos la cicloruta más freak de esta auditoría. No alcanzamos a avanzar dos cuadras por ella, cuando nos encontramos que la ciclovía era el estacionamiento interminable de camiones y autos. Aparentemente los camiones corresponden a los locatarios de una feria y los autos a los residentes del sector, porque según averigué siempre se habían estacionado ahí. Deplorable el truco del municipio de Ñuñoa de anotarse ciclovías sin ningún diseño ni control.
Tomamos la ciclovía en sentido inverso y pudimos llegar a Tobalaba, en donde conectamos con la ciclovía "natural" en los senderos del parque. Por esa vía, pudimos llegar a la excelente ciclovía de Pocuro (la mejor para mi gusto) y volver por ella hacia Antonio Varas.
El registro fotográfico de la auditoría lo pueden ver aquí.
Hasta la próxima auditoría!!!
