28dic/102

Glaciar Colgante El Morado : gran paseo post navideño

Aunque es bastante habitual que la mayoría de mis fines de semana salga a la montaña con mi querido club malayo, en pocas ocasiones le dedico una crónica y en esta ocasión me resarciré de parte de la deuda, porque creo que este paseo dominical fue extraordinario y un fiel reflejo del hermoso espíritu que anima a tanta gente a compartir en la montaña.

Un año especialmente intenso en emociones y que afortunadamente termina en las próximas horas, no impidió  las 50 salidas que el club organizó. Este año no solo marcamos más de algún record en asistencia (más de 60 malayos en un trekking y más de 400 inscritos en nuestras bases de datos), sino que nos dimos espacio para ser solidarios con muchos hermanos que sufrieron estragos por el terremoto, también celebramos a lo grande el cumpleaños del club (D.I.M) y disfrutamos cada una de las salidas con nuestro menú malayo, esa deliciosa forma en que festejamos cada cumbre. También este año, inauguramos las salidas para los que se inician en la montaña y especialmente para los niños, una iniciativa notable de Gustavo. En definitiva, este fue un gran año malayo.

El domingo después de Navidad, nos citamos en el habitual punto de encuentro de Av. La Florida a las 7:30 horas, hasta adonde llegaron alrededor de 50 malayos, la mayoría viejos compañeros de aventuras pero también algunos que recién se integran. Por vez primera, nuestro gran David no alcanzó a llegar en los tiempos acordados y a la hora señalada nos fuimos en caravana hacia El Cabrerío, donde finalmente todos reunidos, iniciamos el tramo zigzagueante rumbo al glaciar colgante.

Una ruta de moderada dificultad bajo un sol implacable nos condujo tras algo menos de tres horas a ese maravilloso santuario que es la laguna con el glaciar colgante de fondo. Todavía y a pesar del calor, hay restos importantes de hielo flotando e incluso en tierra firme.

En esta ocasión tuvimos la participación de un ser notable, una chica no vidente que hizo el trekking con tanta habilidad que muy pocos se dieron cuenta de su condición y que cuando se comentó a su llegada arrancó aplausos espontáneos y emocionados de todos nosotros, gran valor!!!. Momentos como ese, nos llenan el corazón de alegría, porque en nuestra visión, la montaña no es sitio de atletas ni de competencias. cada uno de nosotros sube su propia cumbre, un personal y silencioso desafío.

Instalados en las riberas de la laguna, nos dispusimos a la parte más sabrosa de nuestro paseo. Comer y beber cosas ricas que llevamos para compartir. Aunque era imposible que alcanzara para todos, abrí una lata de aceitunas rellenas de anchoas y una botella de un fantástico ensamblaje de Las Casas del Toqui Assemblage 2005 (Valle del Cachapoal) que compartimos golosamente. Mientras tanto, otro malayo sorprendió con un pisco sour casero que celebramos añadiendo hielo del glaciar (milenario), por allá aparecieron versiones de pan de pascua de las más diversas recetas, unas cerezas corazón de paloma, un ceviche de mariscos, más vinos, cervezas, chocolates, café  y una infinidad de exquisiteces que me costaría nombrar.

Como parte del descanso post menú malayo, algunos fuimos a pasear sobre el glaciar y otros se afanaron en practicar complejas posiciones de yoga, para delicia y admiración del resto que simplemente reposaba.

A la hora del retorno, muchos nos dedicamos a tomar fotografías de tanta belleza que encierra el Cajón Las Arenas, las que se sumaron a las que tomamos en el glaciar.

Un gran paseo, un gran año y sobretodo un gran Club!!

11nov/070

Glaciares a la vista

Este sábado 10, la cita obligada era con la naturaleza, lo más hermoso que nos regala la vida y que habitualmente no vemos. ¿cuántos saben que a menos de 100 Km de Santiago, hay paisajes milenarios, de una belleza impactante y que nos conectan a mucho más que un documental sobre lo mismo?. Es demasiado hermoso lo que tiene este país y quizás no sobreviva por mucho tiempo más.

Plaza Italia a las 7:45 de la madrugada, estaba solo. Afortunadamente comenzaron a llegar los comensales de este delicioso menú. Cerca de las 9 horas ya estaba todo el grupo, tanto del lugar en que trabajo como de amigos. Reconocí y saludé a un par de compañeros de aventura anteriores y cerca de las 8:10 llegó sorpresivamente mi buena amiga Elena, aparentemente la única en mi pega que le interesó la invitación que a todos hizo el Club de Montaña de la empresa. Llegaron los Malayos, muy entretenidos y con una mística envidiable, un club informal de montaña y en tres vehículos escolares, viajamos hacia el Cajón del Maipo.

Comenzó una caminata por una seca y pedregosa ruta, hasta que llegamos a la nieve del Valle Las Arenas. Ufff, vaya que cuesta caminar sobre la nieve, pero tanta belleza vale la pena. Tras casi tres horas de caminata, llegamos a la verdadera y congelada Laguna del Morado con una vista envidiable a los glaciares. Son cuatro glaciares que se pueden interpretar como restos de un mismo glaciar en proceso de desaparición. Me invadió una gran pena tomar contacto con el hecho que cada día que pasa, es menos lo que queda de esta maravilla de la naturaleza.

Almorzamos enfrente del glaciar y del colgante (lo que queda arrimado en la montaña) con una laguna en proceso de descongelamiento. Fue muy emotivo, los casi 30 comensales se esforzaron en compartir cada uno de los alimentos, es maravillosa la solidaridad del montañista, sabe que está con un hermano, alguien que ama lo mismo y que haría cualquier cosa por apoyarte e incluso salvarte si fuera necesario.

El retorno, estuvo matizado por los divertidos patinazos en la nieve y el temprano congelamiento que sufrí de mis manos, afortunadamente la flaca Elena me ayudó con sus guantes para que recuperara la sensación de mis dedos. Fue una muestra más que la montaña saca lo mejor de cada uno, pienso que seguro que hacía mucho frío para cualquiera, pero gracias a esos guantes recuperé los dedos. Gracias flaca, eres una buena amiga.

Una vez que llegamos a los vehículos, vino la parte menos grata, un viaje eterno hacia la ciudad, de verdad lo sentí demasiado largo, no obstante, después de las 21 horas ya me encontraba en mi terruño.

Exquisito paseo, me llené de energía y de paisajes increíbles. Debería ser asignatura obligada de toda persona que piensa que no hay nada más que conocer.