19Abr/170

Accidentado y divertido regreso del Magma

Un domingo que no lograría subir a la montaña por no poder conseguir transporte, se ha hecho lamentablemente habitual. Sin embargo, eso no significa que renuncie a realizar actividad física y acercarme a la naturaleza furtiva que se encuentra en los alrededores de la región metropolitana.

Al teléfono nos pusimos de acuerdo con mi amigo Luna para ir a almorzar al Cajón del Maipo en cleta. Además de ser sorprendido con la oferta, Luna no dejó de pensar un instante en que habría rica comida. Estoy seguro!!

Lo pasé a buscar con mi amada cleta a su departamento y para sorpresa mía, ya estaba en la entrada de su edificio esperando. Mochila, casco, guantes y su cleta, todo en orden. Solo tuvo que ir por unas mangas para asegurar no pasar frío, ya que este día pintaba algo fresco.

Partimos por ciclovía Lyon, conectamos con ciclovía Simón Bolivar, seguimos por Chile España y finalmente el largo recorrido por Macul y avenida La Florida. Ingresando a la avenida El Volcán, nos detuvimos por primera vez a gozar de un rico mote con huesillos, una parada clásica en mis rutas al Cajón del Maipo.

Ya repuestos y bien hidratados, retomamos el camino para detenernos muy pronto pues su cleta mostraba bastante desinflada la rueda trasera. Bombín mediante la repusimos, aunque notamos con cierta preocupación que la cámara se presentaba bastante deteriorada y delgada.

Tras una nueva detención por el mismo motivo, decidimos que adelantaríamos el momento del almuerzo, después de todo ya era tarde y el hambre arreciaba.

Continué pedaleando hasta encontrar algo interesante y que esta vez fue un letrero secundario en donde se encuentra el acceso al balneario El Añil, el cual hablaba de un restaurante de nombre Magma perteneciente a www.casamaipo.cl, un sitio que no conocía y que me pareció seductor.

Ingresamos por un camino de piedrecillas hasta unas construcciones de bella madera en donde estaba el restaurante.
Nos atiende una linda muchacha tras una espera algo prolongada, a quien pedimos unas cervezas. Nos cambiamos las sudadas poleras por un recambio seco y nos preparamos para disfrutar un buen almuerzo.

Heladas cervezas, unos calientes panecillos y pebre dieron el paso a nuestros platos de fondo, unos fetuccinis sepia con salsa de mariscos para Luna y de excelente pesto para mí. Sumamos una botella de buen carmenere del valle de Cachapoal para completar el disfrute.

Una larga conversación acerca de museos y buenos lugares para visitar en España (próximo destino filetario), hasta disponernos para el regreso.

Cuando tomamos las cletas, con estupor evidenciamos que ambas ruedas de la cleta de Luna estaba desinfladas. Allí comenzó la debacle, pues al sacar la cámara de la rueda delantera notamos que tenía dos perforaciones provocadas por unos trozos de alambre que estaban incrustados en ella. Como Luna es previsor, traía una cámara de repuesto la que por cierto usamos de inmediato como reemplazo. Pero al sacar la cámara de la rueda trasera, vimos que presentaba al menos (por ese momento) dos orificios. Así que usamos los conocidos parches de emergencia y creímos haber salido del trance. Sin embargo, al inflar la rueda trasera, seguía perdiendo aire. Ohhh, mala fortuna, encontramos otro orificio, el cual también parchamos y por precaución, decidí usar mi envase de "vómito verde" (látex para reparación), pero ahora se sumó que no inflaba. Años de estudios de ingeniería, nos condujeron a volver al basurero para recuperar la cámara que habíamos botado para conseguir el reemplazo de válvula dañada y así pudimos inflar por fin la rueda.

Orgullosos de la proeza, nos bebimos otras cervezas y un buen café negro y salimos pedaleando nuevamente por avenida El Volcán y en pocos kilómetros otra vez Luna vocifera ininteligibles palabras para indicar que nuevamente la rueda trasera estaba desinflada. Volvemos a desarmar para ver que los parches se habían perforado nuevamente. Aquí ya nos pusimos nerviosos, se habían acabado los planes de contingencia y no era posible seguir pedaleando.

Con mi buen estado de ánimo, propuse caminar un poco hacia el pueblo cercano para conseguir una solución (la que fuera!!). Nos acercamos a unos paisanos quienes en semiserio nos dijeron que la única opción sería caminar hasta un supermercado más adelante, donde quizás habían cámaras de repuesto.

Ok, nada es mejor que tener desafíos.

Caminamos varios kilómetros y llegamos al bendito lugar. Luna camina presuroso para comprar la solución. Fumé un par de cigarrillos mientras esperaba y llegó con un neumático nuevo, un tarro de neoprén y con la evidencia que no habían cámaras en venta. Uffff!!!

Bueno, despegamos los parches, embadurnamos con neoprén y volví a pegar mientras Luna iba por cinta de embalaje para cubrir los parches como medida accesoria. Genial!!!, por fin ambas ruedas de la cleta de Luna inflaron bien y pudimos reiniciar el regreso a casa. Hay que destacar que pasaron 2 horas al menos desde que salimos del restaurante.

Dado que la luz solar se extinguía, pedaleé al tope en un descenso vertiginoso hacia la ciudad, chequeando de vez en cuando si Luna venía atrás. Sin problemas!!

La artificiosa solución había funcionado y cuando llegamos a la intersección de la ciclovía Pocuro con Pedro de Valdivia, respiré tranquilo. Misión cumplida!!.

Volví a casa, cansado y de noche pero con una gran sonrisa de satisfacción tras una aventurado día.

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6Ene/150

En cleta a almorzar al Cajón del Maipo

Inhibido por un tiempo de hacer montaña debido a una lesión, he ocupado harto mi cleta para hacer incursiones disfrutables, algo que suelo llamar biketrekking.

Este día desperté inspirado y con ganas de ir más lejos, lo que me hizo recordar rápidamente un circuito que he hecho anteriormente : ir a almorzar a algún lugar en el Cajón del Maipo. Partí utilizando las ciclovías hasta llegar a Macul en donde a falta de éstas, tomé la pista de la locomoción colectiva sobre una "alfombra roja" que marca esa vía exclusiva. Luego, por Av. La Florida hasta alcanzar la Av. El Volcán, calle principal que recorre el lindo Cajón del Maipo.

Antes de seguir y considerando el calor reinante, pasé por un mote con huesillos gigante y deliciosamente helado. Una pausa extraordinaria.
Continuando el paseo, me dirigí intencionadamente en búsqueda del restaurante Calypso, pero como ya me ha ocurrido antes, estaba llenísimo y muy animado con unos chicos que tocaban cuerdas (violín y violoncello). Tras unos minutos de goce musical, seguí adelante, ahora en búsqueda del restaurante Ko. Mala suerte, estaba cerrado al público con un evento privado bastante ruidoso.

Continuamos y llegué al restaurante francés La Petite France pero estaba cerrada!!!. Estaba quedando claro que debería buscar algo que no hubiera visitado antes. Como soy obstinado, tomé aliento y me devolví, poniendo mucha atención en los nuevos sitios.

Tras un rato encontré lo que buscaba. Una suerte de hostal con un gran restaurante llamado Puerto Maipo. Tras inspeccionar, descubrí que tenía una gran piscina y una estupenda terraza, ideal para almorzar.

Partí con una cerveza muy helada para quitarme el evidente calor acumulado. La chica del servicio me trajo una panera y rico pebre para entretenerme un rato. Luego examiné la carta, abundaban platos bien chilenos y tras analizarlo un poco, concluí que sería buena idea un filete de merluza, arroz y ensaladas. Un almuerzo sencillo y contundente.

Al regreso, cumplí mi promesa de traer de regalo una gran tortilla con chicharrones, la que recién hecha y bien envuelta, la puse en la mochila hasta llegar a casa.

En total algo más de 80 kilómetros de recorrido y una sonrisa plena por el gran disfrute de este soleado día.

21Feb/110

Cleta y cocina de autor en el Cajón del Maipo

Desperté asustado pensando que me había quedado dormido y seguro me perdía alguna reunión importante en mi pega. Poco a poco, recuperé la realidad y me di cuenta que era un lindo día de fin de semana que me esperaba para sacarle el máximo provecho.

En mi mente tenía una idea loca y me dispuse a hacerlo. Preparé mi mochila pequeña, puse unas revistas adentro, preparé mi jugo isotónico, tomé mi cleta y me lancé a pedalear hacia el Cajón del Maipo. Mi objetivo, almorzar rico en algún buen restoran en las afueras de santiasco.

Salí de Providencia, seguí hacia Ñuñoa, luego La Florida y finalmente el Camino El Volcán metiéndome cada vez más en el maravilloso paisaje del Cajón. Gran cantidad de puestos artesanales con empanadas, pan amasado y encontré uno con mote con huesillos. Irresistible tentación y me detuve a beber el jugo heladito de este chilenísimo engendro.

Después de observar varios posibles lugares entretenidos incluyendo el rico Calypso, cuando llegué a marcar algo más de 39 kilometros de viaje, encontré el restaurant Ko, cocina de autor con toques latinoamericanos, mmmhhh, era el lugar.

Ingresé al sitio, una hermosa construcción en madera, una terraza magnífica con lindas mesas y un entorno con árboles y flores. Precioso. Habían unas seis mesas ocupadas y yo pasé entre ellas con mi cleta ante la mirada curiosa de varios, para instalarme en una mesa que me atrajo.

Estaba sediento por lo que pedí una cerveza helada, esa magnífica kunstmann torobayo. Mientras, me puse a hurgar con mis ojos la carta. Hay un menú delicioso y al parecer abundante, pero seguí recorriendo y elegí una entrada de palta rellena de camarones en un jardín de lechugas y tomates perla. Exquisito.

Saqué mis revistas y me puse a almorzar lentamente leyendo mi material de compañía. Luego fui por mi plato de fondo, un salmón marinado y cocinado en champaña acompañado de un rico risotto de quinoa. Esta delicia merecía un rico vino, pero no tenían la cepa adecuada y tuve que improvisar con un carmenere De Martino 347 del 2009, que debo confesar estuvo a la altura del plato.

El servicio un poco disperso, muy amable pero con poca preocupación por los detalles. Además, las fragancias exquisitas de mi plato atrajeron a las abejas, esa versión carnívora, que tuve que espantar mucho rato. No estaba dispuesto a compartir mi plato con ellas. Al final dejé de ser egoísta, tomé un plato y puse comida en él y lo dejé en un extremo de mi mesa para que lo disfrutaran mis invitadas de piedra.

Un almuerzo en que disfruté lentamente cada bocado mientras completaba mi lectura y gozaba de la rica brisa y el sonido del follaje de los árboles. Demasiado placer reunido en un mismo sitio.

Tras un negro café que requería mi cuerpo para disponerme al regreso, cambié la botella de jugo vacía por otra que llevaba en mi mochila y comencé a pedalear hacia santiasco.

El periplo de 78 kilometros en cleta para almorzar rico, me tomó en total casi seis horas incluido el tiempo de un prolongado almuerzo. Gran paseo!!!

28Dic/102

Glaciar Colgante El Morado : gran paseo post navideño

Aunque es bastante habitual que la mayoría de mis fines de semana salga a la montaña con mi querido club malayo, en pocas ocasiones le dedico una crónica y en esta ocasión me resarciré de parte de la deuda, porque creo que este paseo dominical fue extraordinario y un fiel reflejo del hermoso espíritu que anima a tanta gente a compartir en la montaña.

Un año especialmente intenso en emociones y que afortunadamente termina en las próximas horas, no impidió  las 50 salidas que el club organizó. Este año no solo marcamos más de algún record en asistencia (más de 60 malayos en un trekking y más de 400 inscritos en nuestras bases de datos), sino que nos dimos espacio para ser solidarios con muchos hermanos que sufrieron estragos por el terremoto, también celebramos a lo grande el cumpleaños del club (D.I.M) y disfrutamos cada una de las salidas con nuestro menú malayo, esa deliciosa forma en que festejamos cada cumbre. También este año, inauguramos las salidas para los que se inician en la montaña y especialmente para los niños, una iniciativa notable de Gustavo. En definitiva, este fue un gran año malayo.

El domingo después de Navidad, nos citamos en el habitual punto de encuentro de Av. La Florida a las 7:30 horas, hasta adonde llegaron alrededor de 50 malayos, la mayoría viejos compañeros de aventuras pero también algunos que recién se integran. Por vez primera, nuestro gran David no alcanzó a llegar en los tiempos acordados y a la hora señalada nos fuimos en caravana hacia El Cabrerío, donde finalmente todos reunidos, iniciamos el tramo zigzagueante rumbo al glaciar colgante.

Una ruta de moderada dificultad bajo un sol implacable nos condujo tras algo menos de tres horas a ese maravilloso santuario que es la laguna con el glaciar colgante de fondo. Todavía y a pesar del calor, hay restos importantes de hielo flotando e incluso en tierra firme.

En esta ocasión tuvimos la participación de un ser notable, una chica no vidente que hizo el trekking con tanta habilidad que muy pocos se dieron cuenta de su condición y que cuando se comentó a su llegada arrancó aplausos espontáneos y emocionados de todos nosotros, gran valor!!!. Momentos como ese, nos llenan el corazón de alegría, porque en nuestra visión, la montaña no es sitio de atletas ni de competencias. cada uno de nosotros sube su propia cumbre, un personal y silencioso desafío.

Instalados en las riberas de la laguna, nos dispusimos a la parte más sabrosa de nuestro paseo. Comer y beber cosas ricas que llevamos para compartir. Aunque era imposible que alcanzara para todos, abrí una lata de aceitunas rellenas de anchoas y una botella de un fantástico ensamblaje de Las Casas del Toqui Assemblage 2005 (Valle del Cachapoal) que compartimos golosamente. Mientras tanto, otro malayo sorprendió con un pisco sour casero que celebramos añadiendo hielo del glaciar (milenario), por allá aparecieron versiones de pan de pascua de las más diversas recetas, unas cerezas corazón de paloma, un ceviche de mariscos, más vinos, cervezas, chocolates, café  y una infinidad de exquisiteces que me costaría nombrar.

Como parte del descanso post menú malayo, algunos fuimos a pasear sobre el glaciar y otros se afanaron en practicar complejas posiciones de yoga, para delicia y admiración del resto que simplemente reposaba.

A la hora del retorno, muchos nos dedicamos a tomar fotografías de tanta belleza que encierra el Cajón Las Arenas, las que se sumaron a las que tomamos en el glaciar.

Un gran paseo, un gran año y sobretodo un gran Club!!