Paseo dominguero : disfrutes inolvidables

Esta mañana de domingo saqué mi maravillosa cleta para recorrer 2 veces la exquisita ciclovía temporal que hay en las comunas de Santiago, Providencia y Las Condes. Viajé hacia el poniente hasta el Museo de la Memoria, luego enfilé hacia Providencia hasta llegar a Américo Vespucio y regresé a mi hogar con unas decenas de kilómetros de recorrido.

Mi partner llegó tras mi reconfortadora ducha y nos fuimos a caminar hacia el cerro Santa Lucía, más de 30 años que no hacía esto (aunque hace algunos años había ido al Palacio Hidalgo). Un paseo exquisito que me alegró de haber aceptado.

Algo cansados, partimos a disfrutar un aperitivo al Castillo Forestal, ese exquisito sitio que ya visité tiempo atrás. Un jugo de naranjas y una limonada de albahaca fueron el inicio, luego un quiché de 3 quesos y otro de espinacas y queso de cabra fueron un aperitivo excelente.

Seguimos caminando y decidimos disfrutar el Nolita, sitio que ya hemos probado completamente. Partimos con agua mineral y una copa de espumante para mí. Para los fondos, panzzotti para ella y ravioles mediterráneos para mí, una maravilla acompañada con un ensamblaje Botalcura El Delirio.

Para los postres, nada mejor que un caramel de maracuyá y un ciocolatino, además de los cafés negros infaltables.

 

Castillo Forestal : una delicia en el Parque

Esperé muchos meses para que naciera este restaurante ubicado frente al Museo de Bellas Artes y ocupando ese viejo castillo que siempre me llamó la atención. Pues bien, ya es un hecho y a principios de abril estuve en la terraza superior del lugar bebiendo un exquisito jugo y un trozo de pastel mientras disfrutaba la vista del Parque.

Esta semana, tras un exquisito tour de museos con mi partner, la invité  a disfrutar el lugar. Tamaña fue la sorpresa al ver que estaba llenísimo, tanto que debimos esperar por una mesa. Veo que ya fue descubierto por muchas personas aunque especialmente extranjeros que seguramente se pasan la voz.

No debimos esperar tanto y ya ubicados en un mesa al exterior, decidimos refrescarnos tras nuestro periplo cultural. Era algo temprano para almorzar, más aún porque teníamos panoramas distintos cada uno, por lo tanto, partimos con unos extraordinarios jugos de naranja (sin azúcar) que nos repuso rápidamente de nuestra caminata. Luego enfrentamos el dilema si adelantar parte del almuerzo o quizás, comer el postre como graciosamente concordamos. Pedimos unas copas de helados impresionantes no solo por su forma sino por el tamaño y sabor. Cuánto me gusta el helado de chocolate araucano y los trozos de frutillas que lo adornan!!

Es una promesa, volveremos por un almuerzo completo en los próximos días.