31Dic/160

Entre cavas y ladrillos : rito, almuerzo y cleta

Entusiasmé a mi hermano para visitar en cleta a nuestro padre en su séptimo aniversario de su viaje eterno. Un paseo que me retornaba a los krrtrekking en dos ruedas tras demasiado tiempo sin poder hacerlo. Con algo de temor por la posibilidad que mi columna reclamara el esfuerzo, partimos este periplo hacia el cementerio en La Florida.

Sin percances, fluimos por las calles y mientras más avanzábamos más mejor se sentía el viaje. Compramos bonitas flores e hicimos una sesión de hermoseamiento de la residencia además de una buena cantidad de fotos del parque, el cual estaba lleno de colores y se veía especialmente lindo.

Después del rito, comenzamos a buscar un sitio en donde almorzar y continuar el disfrute. De pronto, un sitio que no conocíamos y que se presentaba interesante. Un buen nombre, Entre Cavas y Ladrillos, que de hecho me recordó un lugar homónimo que vi en San Miguel hace un tiempo. La presentación muy normal, decoración mínima pero de buen gusto, aunque elegimos quedarnos en la terraza para tener vista de nuestras cletas.

Partimos con unos frescos chilcanos de mango y maracuyá mientras saboreábamos un sorprendente ceviche Cavitas, con ostión, pulpo, camarones ecuatorianos y ricos cortes de pescado deliciosamente macerados. Con esta entrada, ya habíamos superado el calor y pudimos pasar a los fondos.

Mi hambre estaba a la altura de un lomo saltado, tremendo plato!,  mientras mi hermano optó por un seco de cordero, todo lo cual acompañamos con una botella de Las Mulas reserva cabernet sauvignon orgánico. Impecable!

Si bien no se distingue mayormente de los restaurantes grandes del sector La Florida - Cajón del Maipo, ni es por cierto la mejor comida peruana (o algo más) que he disfrutado en Santiasco, el lugar es bastante recomendable.

31Dic/160

Moderat : concurrido concierto

Había pasado tanto tiempo desde la última vez que con mi hermano no disfrutábamos de un concierto de música electrónica, así que cuando descubrimos que este grupo alemán venía a Chile y todo indicaba que habría una fiesta electrónica de esas inolvidables, nos inscribimos sin dudar.
Nos juntamos más temprano para aprovechar de cenar tranquilamente y juntar energías para esta noche bailable. Nos fuimos a un viejo conocido, el Sport Café en Apoquindo, del cual guardábamos buenos recuerdos ya que por un buen tiempo fue nuestra fuente de alimentación de fin de semana cuando vivíamos juntos 15 años atrás.

Tras unos sandwiches potentes y unas frescas cervezas, caminamos hacia la Sala Omnium (en los bajos que la mayoría ubica como la discoteque Gente de décadas pasadas). La primera sorpresa fue encontrarnos con una interminable fila de gente y un verdadero laberinto para ingresar. Conversamos que parecía raro tanta gente si este grupo no era muy conocido y además practica un tipo de música electrónica poco habitual en nuestro medio. Sin embargo, pronto caímos en la cuenta que todos estábamos en lo mismo.

El Club Fauna estaba repleto, no solo en la sala más subterránea en donde tocaba un trío telonero muy interesante (Matanza), sino que en pasillos, niveles intermedios e incluso en el nivel calle. Nos compramos unos tragos (en esos vasos plásticos tan poco elegantes) y tomando una buena aspiración de aire, decidimos bajar al epicentro musical. El lugar vibraba con los potentes bajos amplificados a tope, pues claramente no se iba a conversar sino a bailar. Llegamos en la etapa final del teloneo y de los preparativos para Moderat. Un gran aviso en pantalla anunciaba que era un espectáculo oscuro y que se agradecía no usar flash en cámaras (guarden sus celulares!!) mientras seguía ingresando a la sala un contingente cada vez mayor de entusiastas amantes del ambient y del techno minimalista.

El grupo alemán era muy esperado, especialmente tras el lanzamiento de su último disco. Maestros en conseguir un viaje melódico, una atmósfera hipnótica y llena de efectos visuales. Desde el primer tema, los asistentes fuimos encantados con el excelente trabajo y de ahí en adelante solo fue disfrutar el viaje. Tremendo show!!

12Jun/160

Disfrutando Valparaíso una vez más

Visitar Valparaíso después que pasa el verano, es una de mis aficiones preferidas. Este lindo puerto es un lugar ideal para disfrutar un fin de semana con su inmensa oferta de todo lo que me gusta, restaurantes, graffitis, arte y linda arquitectura.

En esta oportunidad nos alojamos en la casa del pintor Thomas Somerscales, quien a pesar de no ser tan relevante en el arte, salvo por su registro de la guerra del Pacífico, legó esta preciosa casona a Valparaíso. Es una casona con más de 140 años, la cual fue restaurada y dispuesta como un hotel boutique  destacado en el Cerro Alegre.

Partimos la incursión gastronómica en el bien recordado Cocina Puerto, un exquisito restaurante de comida chilena. Un Sour de maracuya y otro con jenjibre, para disfrutar la entrada, una provoleta y mariscos en donde abundaban cholgas, choritos y langostinos. Seguimos con un pastel de jaibas y un cancato Real que llevaba pavo, queso, tocino champiñones, tomate, alcaparras y una base de papas asadas a las finas hierbas. Platos deliciosos que acompañamos con un Malbec mendocino Finca La Linda.

Iniciamos un paseo por esas calles con pendiente que te hacen ir lento pero atento a todas esas sorpresas que estas calles ofrecen. Una buena cacería de graffitis ya que aunque parezca inverosímil, siempre encuentro nuevos aportes al arte callejero y que pasan a la colección de Krrtrekking. Pronto anocheció así que fuimos a la terraza del Taulat para beber unos tragos, un mojito irlandés y el típico Ron con coca light, para poder despedir este primer día.

Tras un delicioso desayuno casero, salimos a pasear en el Metro hacia las ciudades aledañas. Este viaje es una buena opción para disfrutar la costa, visitar los hermosos cerros y escuchar buena música en vivo en el carro. Tras llegar a Quilpué, bajamos a realizar una visita al centro de la ciudad, cazar algunos graffitis, decidimos que un buen aperitivo mirando el mar y en la exquisita terraza del hotel Miramar, era la mejor idea del momento. Era una mañana algo húmeda y con pequeños chubascos, pero justo que salimos del metro y caminamos hacia el Miramar, nos llovió profusamente. En la terraza techada del bar del Miramar, nos pedimos unas empanaditas queso, café y té. El tiempo pasó agradable en la conversación mientras pasaba la lluvia. Antes de irnos, aprovechamos de probar unas copas de espumante, ahora con la mente puesta en el restaurante que visitaríamos a continuación.

Lo habíamos visto el día anterior y la curiosidad de un nuevo restaurante nos llevó a El Internado el cual  funciona desde noviembre pasado. Una enorme planta libre al interior de una gran casona, da vida a este lugar, en donde lo más destacado es la cocina, con más de decena de cocineros en acción. Lo interesante es que la comida es original y bastante gourmet. Recorrimos la carta con deliciosas sugerencias para quedarnos con una Entraña a la pimienta con cebolla caramelizada, tomate deshidratado y papas asadas rellenas con champiñones queso parmesano, tocino y cebollin, además de una Albacora sobre un puré de arvejas, unos tomates y el fantástico  pebre de mango con tocino crocante. Fantásticos platos!!. Estos platos lo acompañamos con una botella De martino 347 un rico carmenere. Superados por la sorpresa, decidimos probar un postre de brownie tibio con chocolate, mantequilla de maní además de helado de vainilla y una sabrosa salsa de frutillas. Excelente lugar!!.

Lo siguiente era alcanzar a llegar a tiempo para tomar nuestro transporte de regreso a Santiasco.

21May/160

Luciano K : una experiencia arqui-gastrotectónica

Me encantan las construcciones de este creativo y notable arquitecto Luciano Kulczewski, que desparramó sus creaciones por el barrio Lastarria y Plaza Italia. Este lugar es un hotel boutique con 38 habitaciones y una terraza maravillosa además del restaurante del primer piso adonde llegué esta noche.

Extasiado por mucho tiempo por la belleza arquitectónica que tiene este edificio de los años 20 del siglo pasado, fue el primero que tuvo un ascensor en Santiasco lo que lo convierte en patrimonio nacional.

Con mi hambre característica que aparece inexcusable después de las 20 horas, pasaba cerca del lugar y decidí que ya era hora de disfrutarlo. Con apenas unos 3 meses desde que se inauguró, el restaurante ubicado en el primer piso del edificio era una tentación inevitable.

Partí por ubicarme en la mesa que me daba la mejor perspectiva del lugar, enfrentada a la barra iluminada. Un sour con albahaca  para amenizar y una breve carta por revisar. Una oferta de platos del día que el chef ofrecía, o bien la opción de ensaladas, sandwiches y pizzas más estándar.

Definitivamente fui seducido por una pizza de jamón serrano, peras, cebolla caramelizada y aceitunas que acompañé con una botella Valle Secreto con cabernet sauvignon.

Fue un viaje al placer en solitario pero acompañado de exquisita música y la hermosa estética del lugar. Claramente volveré para disfrutar más este nuevo sitio.

21May/160

La Diana : notable lugar

Este último tiempo en mi trabajo se ha visto aumentar la frecuencia de las despedidas. No solo los que dejan la empresa por diversas razones sino los que son reubicados por distintas o parecidas justificaciones. Así llegué al lo que era un antiguo convento en la plaza Los Sacramentinos, para encontrar una versión re-editada del restaurante nómade La Jardin, un sitio memorable en mis experiencias anteriores.

Como el formato del evento era más parecido a un happy hour, fuimos pidiendo distintos appetizers mientras consumiamos las graciosas y afortunadas combinaciones de tragos de la casa.

Entre otros, pedimos un rico ceviche de reineta y mariscos con leche de tigre para ponernos en onda, un increíble pan de campo, un amasado gigante relleno de queso derretido, una pizza de carne mechada, palta y queso azul llamada Caupolicán, una entrada de pulpo grillado (con papas confitadas, dulce de membrillo y vinagreta de pimentón) y otras pizzas Minotauro, Normandie y Diana. Todo delicioso y de lo cual no quedó vestigio en esas horas de disfrutes. Especial mención tragos de la casa con nombres especiales como elevator, mortal kombat y otros que ya olvidé.

Delicioso lugar que espero visitar nuevamente, en forma ideal entrando por los Juegos Diana para llegar a comer y descansar en La Diana.

11Abr/160

Puerto Bellavista : un lugar disfrutable

Hoy decidí dar una mirada al Patio Bellavista, al cual no ingreso realmente hace mucho tiempo. Salvo por Barrica 94, Zocca y Bellavista Grill, no he ingresado hace años.

Ocupa el lugar de unos de mis restaurantes más visitados, el Antojo de Gauguin, añorado lugar de unos queridos amigos. Muy bien ambientado, al punto que los mozos visten con poleras marineras y son notablemente atentos. Partí con una provocación, un aperitivo de Leche Fría, jugo de ceviches con sauvignon blanc y especias. Definitivamente le habría puesto algo de jenjibre para darle más personalidad, pero igual estaba bueno. A continuación un plato de locos como entrada, muy contundente y sabroso. No resistí la tentación de comer una reineta frita a las finas hierbas con papas mayo y ensalada chilena, pero jamás pensé que el plato iba a ser tan descomunalmente grande. Estaba exquisito y perfectamente sellado en el batido con hierbas frito, además la ensalada chilena llevaba cebolla morada lo que añadió un espectacular sabor a mi almuerzo. Una botella de pinot noir acompañó el festejo gastronómico.

Un buen lugar que vino a renovar la oferta del Patio.

11Abr/160

Nuevo paseo en Montevideo: gran ciudad

Hace tiempo que no visitaba esta ciudad uruguaya, de la cual guardo lindos recuerdos. Aprovechando el feriado de semana santa, programamos con mi buena partner una arrancada con disfrutes en el formato que me agrada, pocos días y muchos placeres juntos.

Llegamos una madrugada al hotel en la zona de Buceos, para despertar en un día soleado a metros de la Rambla, la extensa costanera del Río de la Plata y comenzar una deliciosa caminata (no tanto para mi partner, menos acostumbrada a caminar).

Visitamos enormes parques y zonas de esparcimiento que cubren esos 22 kilómetros de costa, un espectáculo de calidad de vida, parecido a Viña del Mar pero mucho más extenso. Cuando las horas pasaron y el hambre se hizo notar, pasamos a un sitio llamado Los Sopranos, para comer unos de los platos más groseramente grandes que he visto. Fue como una versión godzilla de una chivita canadiense, una milanesa gigante, con tomates, aceitunas, lechuga, papas mayo, huevos fritos, papas fritas y varias cosas más. A pesar del hambre, ambos dejamos una buena porción, definitivamente era un plato gigantesco.

Continuamos caminando hacia la Ciudad Vieja, única opción en un Montevideo en la semana santa (toda la semana es de vacaciones para todos) y con un paro de locomoción colectiva (de verdad no había ningún transporte público!!). Haciendo cálculos sobre las 24 horas de paro definidas el día anterior, tras recorrer parte de la zona céntrica y tomar un rico café, conseguimos un taxi que nos llevó de regreso al hotel y a descansar de un día potente.

El siguiente día fue de tour, algo inusual para mis experiencias, pero fue muy interesante el recorrido por muchos lugares especialmente notables de la Ciudad. De todos me quedo sin dudas con La Carreta, una escultura formidable, de grandes dimensiones, y que observada desde cualquier ángulo pareciera que se mueve. Realmente una belleza!!!

En los siguientes días, al menos dos veces al día, visitamos restaurantes ricos y no puedo dejar de mencionar unos pocos. Parto con Panini's, un restaurante italiano muy elegante y de los poquísimos abiertos esa noche. Disfrutamos un tortellini agridulce y un ravioli neri magníficos junto a una botella de Tannat Osiris H. N. Stagnari, delicioso. Para los postres una natilla y un volcán de chocolate además del café de rigor.

Cuando volvimos a la Ciudad Vieja nos entusiasmamos con la interesante oferta gastronómica del Mercado Agrícola, allí fuimos al Pellicer Parrillada Gourmet, que se veía muy lleno y con lista de espera. No tuve que acumular demasiada paciencia pues dialogando con la anfitriona pronto conseguí que nos asignara una mesa. No fue la mejor experiencia, aquí se notó que la masividad perjudica dramáticamente la calidad. Tal fue la confusión de la moza, que trajo a punto la carne que pedimos a 3/4 y recocida la carne que pedimos a punto. Bueno, con arreglo a la buena onda, intercambiamos platos y superamos el desastre.
Otro día fuimos pasamos por unos tragos al Novecento, un sitio ubicado en lo que fuera un teatro en las orillas del río, el Kibón como lo recuerdan los uruguayos. Lindo sitio para ver un atardecer

Un lugar que vimos cerrado varias veces, fue adonde conseguimos ir a almorzar un día. La Vaca es un restaurante muy rico, una casona grande en una importante avenida y con mucha demanda. Partimos con una morcilla salada para el aperitivo, seguida por una milanesa de lomo La Vaca y un ojo de bife también al estilo de la casa. Disfrutamos la buena carne con un Tannat Alta Reserva Gimenez. Cerramos con unos helados artesanales exquisitos!!

No es posible contar todos los disfrutes de este viaje, pero declaramos que apenas sea posible, queremos volver!!

11Abr/160

The Raj : un sitio genial

Tras un sábado de krrtrekking en que recorrimos en cleta varias comunas en una apasionante cacería de graffitis, llegamos por casualidad a este restaurante en Manuel Montt. Una linda casa esquina que ya había probado antes cuando era sede de otro restaurante y que ahora deviene en una cocina india muy original.

Dejamos las cletas (ya cansadas) en un borde de la terraza y nos instalamos en la mesa más cercana. Una chica nos dejó la carta, por cierto muy abundante, y nos pusimos a buscar sabores.Dada la sed, partimos con unas buenas cervezas negras Kross Stout mientras seleccionábamos alguna delicia.

Decidimos por unas samosas y un plato Bhaji de ají, unos buñuelos picantes bañados en harina de garbanzos y fritos servidos en un chutney. Tamaña sorpresa, eran de verdad tan picantes que después de probar el primer bocado, ambos estábamos llorando y terriblemente congestionados. Pero, no se puede desconocer que hay placer, lo picante aunque no sea un sabor estimula la secreción de endorfinas y eso claramente se disfruta.

Cuando llegó el turno de los platos de fondo, la lista comenzó con un Naan de queso y ajo, Camarones en un masala de camarones tikka asados al horno tandoor y cocinados con especias y hierbas. Sumamos un pescado del sur de India llamado meen kuzchambu, un pescado al estilo chennai bañado en salsa picante de tamarindo. Tantos sabores merecieron rápidamente una botella de Syrah de Tamaya y acompañamos con un paneer pulao de arroz basmati con cebolla frita y castañas de cajú.
Tanto placer potente se mereció unos bajativos, un jack daniels y un mojito, además del café de rigor.

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11Abr/160

Terraza Barandales : un sitio cool

Cada cierto tiempo, barrio Bellavista recoge nuevos sitios de disfrutes y se aparecen cuando salimos en cacería con mi hermano. Esta noche, con ganas de conversar y de conocer un buen sitio tranquilo, nos sorprendimos con un local en Dardignac que nos entusiasmó solamente cuando supimos que tenía una terraza en la zona superior.

Francamente no habríamos ingresado sin saber que tenía terraza. Después de todo, era una de esas noches calurosas y merecía la visión de las estrellas afortunadas que se hacen notar entre la nube de smog.

Instalados en un rincón de una terraza muy linda, con una barra de bar, mesas bajo paraguas y una buena música, se nos presentó un buen carrete. Vimos en la carta que habían piqueos interesantes y además vinos, todo lo cual venía de maravillas para nuestra reunión. Unas croquetas de jamón, unas gambas a la plancha al oliva y perejil además de un tártaro de salmón eran suficiente excusa para pedir una botella de Malbec argentino Finca La Linda (a estas alturas mi fetiche del Malbec).

Larga conversación sobre los últimos sucesos en la vida de mi hermano, momentos complejos de los cuales (presagio) saldrá bien parado, ya que él ha sido impecablemente honesto y buena gente. Me siento orgulloso de tener un hermano así de power.

Rica noche, un buen lugar para conversar y comer rico.

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6Mar/160

La Petite France : en cleta al disfrute

Un día caluroso y con ganas de cleta para una cacería de graffitis y algún paseo alentador, se transformó en un delicioso desplazamiento por la ciudad y más allá.

Originalmente pensé ir hacia la zona oriente para capturar un par de graffitis que había detectado en la ribera del Mapocho, lo que evidentemente fotografié y seguí con la cleta poco a poco desviándome hacia el sur. De pronto, me pareció una gran idea ir a visitar a mi lindo viejo a su residencia permanente en el Parque El Prado (La Florida). A pesar del calor, la brisa que se siente cuando se va en cleta no deja de ser agradable y llegué al Parque a conversar un rato con mi viejo. Reconfortado y más descansado, retomé la ruta y ahí decidí que quería almorzar algo rico en el Cajón del Maipo.

La primera parada fue iniciando la Av. El Volcán en donde siempre disfruto un vaso gigante de jugo de mote con huesillos. Allí tuve otra grandiosa idea y llamé a mi partner para que se entusiasmara en salir de su casa y encontrarme en algún lugar para almorzar juntos en el Cajón del Maipo. Quedamos en hablar una hora más tarde y emprendí el rumbo.

Mi primera obligación era fotografiar unos graffitis que ya había divisado tiempo atrás en el camino (cuando vamos a la montaña con mi Club Malayo). Un buen rato después llegué al Calypso para comprobar que estaba cerrado por vacaciones, luego encontré el Ko que ahora es un centro de eventos (está muy lindo igual, pero más me gustaba almorzar en él) y seguí pedaleando hasta llegar a La Petite France.

Instalado en una mesa al interior (no estaba habilitada la terraza debido a las abejas), alcancé a beber 2 cervezas heladas antes de que llegara mi partner. Definitivamente lo más inolvidable de ese almuerzo fue el placer de mi partner al probar el clásico francés Moules au vin blanc, choros al vapor con vino blanco.

Al regreso, cargué mi cleta en el auto de mi partner (no tuve opción) y por el camino pasamos por tortillas de rescoldo y humitas.

En fin, fueron unos 45 Kms en cleta desde mi departamento y mucho placer acumulado. Hay que repetirlo!!!