Waldini Pizzería : rica opción
Buscando un nuevo lugar en donde almorzar tarde (en realidad muy tarde) tras un buen paseo en cleta, encontré una pizzería muy estilosa a la entrada de calle Constitución. A mi llegada, solo se escuchaba al interior el monólogo incesante de un mozo argentino que parecía amar escucharse y las mozas no se aparecían por la terraza en la calle en donde me había instalado.
Una vez que logré llamar la atención, una atenta chica me trajo la carta en donde claramente dominaban las pizzas rojas (al pomodoro) y blancas (sin salsa), ricas combinaciones de ingredientes que me tentaron rápidamente. Sin embargo, recordé que tenía un compromiso de cena en poco rato más (era harto tarde mi almuerzo) y por lo tanto, me fui por una que Focaccia Waldini, un exquisito pan con pasta de aceitunas, queso de cabra, salmón, ciboulette y berros.
El delicioso sandwich lo acompañé con un refrescante mojito, que me hicieron recuperar las calorías que gasté en 35 km de cleta disfrutados momentos antes.
Waldini es una delicia!!!, regreso prometido.
Picasso : la belleza múltiple
Este dia sali con mi cleta sin rumbo definido, la mejor manera de descubrir y disfrutar la ciudad, cuando no voy a la montaña.
Tras haber visto la extraordinaria muestra de obras de Matta, la cartelera señalaba que el filete alternativo estaba en la sala de Womistar. Asi que tras unas decenas de kilómetros de recorridos citadinos furtivos y azarosos, aterrice en este lugar (que no tiene estacionamiento de bicicletas!!!!) para disfrutar la exposición.
Picasso tiene la estructura de un obsesivo como yo, queda muy claro que comienza de un extraordinario dibujo al que somete a multiples y sistemáticas transformaciones hasta que obtiene las líneas de su esencia. Un trabajo formidable y que en esta muestra se pone en particular evidencia.
Esta afición notable de Picasso por la seriación queda marcada en diversos cuadros, delicadamente ubicados en proximidad para que se pueda apreciar el proceso creativo. La suite de los saltimbanquis es extraordinaria, 15 cuadros que muestran la genialidad del creador a traves de un año de trabajo con figuras arquetípicas del imaginario del artista.
La secuencia dedicada a los desnudos femeninos, es definitivamente deliciosa, muestra tanta habilidad que sobrecoge. Esta idea se extiende de manera natural a otra secuencia titulada Mujer, Modelo y Artista, aunque yo le habria nombrado como Mis Mujeres, ya que modelos y amantes se confundieron permanentemente en la vida de Picasso.
Quizás lo que más me sorprendió fue la serie dedicada a los toros, claramente Picasso era un tauromaniaco y queda muy claro por la habilidad en que obtiene la sutileza de las formas en pasos sistematicos de las líneas que usa para crear la forma y el volumen.
Un trabajo maravilloso, de la belleza natural lograr la belleza artistica de la representacion, muy bien puesto el nombre, Picasso consigue bellezas múltiples.
Exposición imperdible!!!!
La Petite France : un biketrekking exquisito
Una mañana que me parecía fome, me iluminé con la idea de hacer un viaje en cleta tan lejos como fuera posible y que coincidiera con un buen sitio para almorzar rico. Esto, por cierto significaba dirigirme hacia la periferia de Santiasco y especialmente hacia el Cajón del Maipo.
Esta ciudad tiene la milagrosa virtud de estar rodeada por montañas y a poca distancia es posible disfrutar de un paisaje maravilloso y un clima propio de la cordillera y que hace increíble cualquier incursión. En cleta el asunto es un poco más complejo, pero no menos disfrutable.
Tras un avance de alrededor de 23 kilometros, llegué al lugar en que mi padre reposa de su viaje terrenal y me pareció un buen momento para conversar con él. Tras estacionar mi cleta, fui a comprobar las condiciones en que está su dormitorio, Al fin y al cabo estaba bien. Salí hacia los comercios callampas que están alrededor del cementerio y compré flores, aquellas que más me gustan y que estoy seguro que mi lindo viejo disfruta. Adorné la tumba de mi padre y mientras conversaba con él y nos poníamos al día de nuestras vivencias, reposé un buen rato.
Terminada la visita a mi viejito, seguí pedaleando por una buena cantidad de kilometros, me detuve a beber rico jugo de mote con huesillos (de hecho llené mi botella con jugo para disfrutarlo después), pasé por el Calypso, un restoran italiano exquisito que estaba llenísimo, luego el Ko, otro lugar que me gusta para finalmente llegar a La Petite France, un restorán con hotel que siempre apetece en el Cajón del Maipo.
Aunque estaba bastante lleno, ahí bajo los árboles del jardín había una mesa para mí. Puse mi cleta a un lado y bajo los árboles me dispuse a disfrutar un almuerzo campestre. Partí con un kir royale mientras revisaba la carta de menús del lugar. Me encanté con una ensalada de trucha ahumada que tardó un tanto en llegar. Los trozos de trucha estaban increíbles y decidí añadir una botella de agua mineral sin gas.
Posteriormente, solicité una merluza austral en salsa de camarones con couscous y espinacas a la crema como plato de fondo. La fórmula del lugar es un menú con varias opciones (hasta 4 por tipo), todas exquisitas de acuerdo a mis experiencias.
La oferta de vinos es un poco esmirriada, pero descubrí un sauvignon blanc santa digna 2007 que me servía muy bien para acompañar mi plato y no me equivoqué. Deliciosa combinación.
A la hora de los postres, el menú consideraba un delicioso helado de pistacho que no demoré en elegir y disfrutar. Como el servicio era bastante lento y me urgía volver a santiasco para otro placer, apuré el pago de la cuenta y las miradas agradecidas a la morena preciosa que me atendía.
Nuevamente abordo de mi cleta, un vertiginoso regreso a santiasco, a pesar del dolor muscular (siempre se me olvida elongar), hice un tiempo espectacular y llegué tras esos 87 kilometros a casa para una ducha reparadora.
Gran paseo, mejor biketrekking!!!
Cuevas de Anzota : un paseo 5 estrellas
Jamás imaginé que mi intención de ir lo más lejos posible en cleta por el litoral costero de Arica me conduciría a una de las mejores experiencias de este año.
La jornada partió relativamente temprano con una larga búsqueda de un sitio en donde arrendar una bicicleta. Sorprendente pero, salvo por los hoteles (3) que disponen cletas para sus pasajeros, solo hay 2 lugares de arriendo y solo uno de ellos con disponibilidad. Este lugar, una pequeña oficina en un segundo piso de un edificio céntrico, tenía unas cletas de buen aspecto, pero que tendría que arrendar a ojo, ya que imposible probarla allí. Pues bien, salí con la que me pareció mejor, con la cara llena de alegría y todas las ganas de aprovechar el día a bordo de mi compañera de dos ruedas.
Avancé por la zona del puerto, mientras aprovechaba de hacer algunos ajustes a la cleta. Mi descubrimiento no fue del todo alentador, ya que el freno trasero no operaba muy bien y rechinaba en cada toque. Pero, este era un biketrekking y no una competencia, por lo cual me relajé y comencé a pedalear a buen ritmo, disfrutando la brisa y el paisaje costero fantástico de las playas de Arica. Pasadas las playas más relevantes me topé con un obstáculo mayor, una zona industrial que tiene completamente bloqueada la playa, una empresa que procesa pescado para obtener omega 3. El olor y la contaminación huele parecido a Talcahuano, algo que recuerdo de otros años.
Tuve que seguir por el camino vehicular y tras un rato, ya nuevamente me encontré con la playa libre y pude seguir disfrutando. La primera parada interesante fue en una ladera de un cerro en donde una cueva de antiguos pescadores indígenas, una suerte de pequeño museo al aire libre donde no hay objetos solo una cueva con una reja (por suerte abierta para que pudiese visitarla). Mientras estacionaba mi cleta en el lugar en que había dos camionetas, se acercó desde la playa un individuo con un semblante muy preocupado y me consulta si había algún problema con haber estacionado su vehículo ahí. Un par de minutos después me reí mucho, como llevaba un cortavientos rojo amarrado en mi espalda, él me había confundido con algún inspector municipal y creyó que le iba a sacar un parte.
Tras unas fotos, seguí pedaleando hasta llegar a la playa Corazones, en donde había dos solitarios y pequeños restoranes de playa. Ingresé al Congrio Dorado, un lugar en extremo sencillo, pero con electricidad y un gran refrigerador en donde estaba una cerveza helada esperándome. Qué rico, como se agradece una hidratación así.
Tras ese breve descanso, seguí mi ruta y por fin llegué a mi destino. Un camino de tierra por el cual solo podían pasar peatones y por supuesto la cleta. Me interné por el sinuoso camino y de pronto aparecen esas descomunales bocas de unas cuevas que ni siquiera imaginaba como eran. Un verdadero cañón con cerros cubiertos de güano blanco, depositado durante muchos años por una cantidad impresionante de aves, los únicos habitantes de estas cuevas después de la desaparición de la cultura Chinchorro que las habitó.
Por alguna deliciosa casualidad, no había nadie en el lugar, lo cual me permitió dejar la cleta apoyada en una roca y dedicarme a recorrer la gran cantidad de cuevas y tomar fotografías de esa maravilla natural. Algunas aves enormes se acercaban bastante, probablemente curiosas por la visita. Por una de las cuevas era posible pasar a otra playa, una hermosa bahía completamente desierta lo que solo incrementó mi placer. En otros casos, las cuevas se internaban en el cerro en una oscuridad plena y que pude recorrer ya que llevaba mi linterna frontal, un recurso que siempre porto para cualquier krrtrekking.
Francamente extasiado con lo visto y con algo de hambre, decidí regresar a Arica, para ir a darme algún gusto en alguno de los restoranes que descubrí en mi visita a la región. Cuando llegué a devolver la cleta, caí en la cuenta que habían pasado casi 6 horas desde que había iniciado este paseo. Increíble disfrute!!!
Vean fotos de este hermoso sitio.
Después de la lluvia : Santiasco desde el San Cristóbal
Pocas veces coincide que después de una lluvia, el día siguiente todavía es fin de semana. Ese es un acontecimiento delicioso, pues implica que podré ver la ciudad sin esa capa odiosa de smog.
Desperté temprano para constatar que era un día luminoso, con un sol que si bien no daba mucho calor, llenaba de belleza el entorno. Miré por la ventana y la cordillera majestuosa me saludaba con su manto blanco de nieve. Los árboles, preciosos, lavados con paciencia por la lluvia mostraban sus verdaderos colores otoñales y muchas hojas de hermosos colores, llenaban las calles de belleza.
No pude resistir la tentación y preparé mi mochila y tan pronto como pude, estaba camino al cerro San Cristóbal. Muy poca gente en las calles, tan poca que parecía que la ciudad se había escondido y que éramos fantasmas perdidos los que deambulábamos por las calles.
El camino hacia el acceso de Pedro de Valdivia Norte estaba lleno de hojas que el mal tiempo desprendió para formar un césped de colores cálidos y anaranjados, como un preludio del placer que vendría a continuación. Me detuve unos instantes en el acceso del Parque solo para elongar un poco y constatar que era cierto que la gran mayoría de sus visitantes no estaba hoy.
Subí sin esfuerzos, solo disfruté el aire limpio y helado que ingresaba a mi cuerpo feliz de la limpieza post aguacera, disfrutando el brillo de las gotas de agua, de un sol que solo proporcionaba luz y de ese olor característico que solo la lluvia obtiene del cerro. Sobrepasé a unos pocos y un par más pro pasó raudo adelante de mi, pero sentí enorme placer al llegar a la cumbre, sin gran agitación y de paso encontrarme con un amigo malayo, esos de aquellos que buscan estos pequeños grandes placeres que brinda la ciudad en este tipo de días.
Pasé por mi jugo de mote con huesillos (sin mote y sin huesillos), placer irrenunciable de mis subidas a este cerro y que me da permiso disfrutarlo en silencio mientras leo algo interesante. A pesar del sol, había algo dxe frescura en el aire y debí abrigarme un poco, aproveché de hacer algo de ejercicio y dediqué unos largos (o cortos?) 15 minutos a mirar la ciudad. Qué increíble espectáculo, una ciudad plena, en la que pude observar detalles que antes n o había detectado. Por ejemplo, pude ver el palacio Hidalgo en el cerro Santa Lucía, precioso, jamás lo había notado. Incluso fui capaz de ver los edificios en donde viven diversos amigos y que estoy seguro que jamás se ven en la cotidianeidad del eterno smog santiasqueño.
Qué lindo espectáculo el de hoy, como me gustaría que fuera así siempre.
Il Siciliano : disfrutando pastas y vino
Es un viejo lugar de la zona taquillera de Bellavista y que por diversas razones inexplicables pocas veces he visitado. Confieso que la mayoría de las veces me tiento más con otras comidas o lugares alrededor de este restoran.
Llegué temprano a cenar tras un agitado día en cleta y compromisos varios, lo que me permitió elegir una buena mesa sin tener que haber hecho reserva. El lugar es bonito y se han preocupado de mantener un buen look a pesar de los años, la barra del bar es estupenda y el diseño de los espacios está muy bien logrado.
Partí con mi habitual agua mineral sin gas, momento que siempre aprovecho para hurgar en la carta y dejarme seducir. Me interesé prontamente con un Carpaccio alla Ducale, una maravilla que no había probado antes. Son unos finos cortes de filete sobre los cuales se distribuye un conjunto de rollitos de prosciutto, queso parmesano y cortes de champignones. Solo tuve que poner algo de limón, aceite de olivas y conseguir pimienta fresca para esparcir unos cortes pequeños de pimienta sobre el plato. Exquisito!!!
Exploré la sección de vinos de la carta y le apunté justo al que no tenían, sin embargo, habían buenas opciones y terminé eligiendo una botella de carmenere Reserva de La Joya 2009, que me acompañaría el resto de mi entrada y los fondos que luego pediría.
De la carta elegí un plato que desconocía, un Fazzoletti Siciliani, pasta rellena de mariscos con una salsa de champignones, mozarella sobre espinacas a la crema, todo cubierto con salsa de tomates y gratinado con parmesano. Nada que añadir, un plato 100% disfrutable y hermosamente presentado en un plato de fierro muy caliente.
No podía dar por terminada la incursión sin pedir un buen postre y el elegido fue un Suspiro di Sicilia, un bizcochuelo relleno de crema limón y cristales de merengue. Postre que se dejó acompañar maravillosamente con un buen café negro.
Deliciosa cena y espectacular partida de una noche de jazz. Esta noche en Jazz Bellavista (club de jazz de Le Fournil) se hacía la despedida del maestrísimo pianista y compositor Felipe Riveros, quien junto a Sebastián González en contrabajo y Carlos Cortés en batería, daría una sesión imperdible de buen jazz.
Felipe migra una temporada a Paris, según me confiesa sin ningún proyecto específico y solo a visitar a su novia. Como sea, la sesión musical fue fantástica con un recorrido por temas de algunos de sus discos. Le pedí que tocara Santiago, un tema maravilloso que me recuerda siempre a E.S.T. y que lamentablemente no lo tenían ensayado. Tendré que esperar el regreso de Felipe para que cumpla mi musical anhelo en una próxima tocata.
Gran noche!!
